lunes, julio 06, 2009

El viejo sabio joven

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Ari bajando las escaleras de la coordinación de difusión cultural,
en una de las pocas veces en que hizo desfiguros ante las cámaras.


En el número de julio de la Revista de la Universidad de México, aparece un texto de este tundeteclas en homenaje a mi amigo Ari Cazés:

Decía el escritor Elías Canetti que hay dos tipos de amigos: los amigos declarados, de los que sabemos todo y ellos saben todo de nosotros; aquellos de los que nos vanagloriamos, los enaltecemos y a los que siempre recurrimos; todos los que nos conocen también los conocen a ellos.

Y hay otros, los amigos ocultos, a quienes a mantenemos a distancia, no indagamos en sus vidas y tienen atributos que ignoramos, y que por lo mismo nos sorprenden en cada nuevo encuentro. A los amigos ocultos rara vez recurrimos, aunque podríamos, pero sabemos que siempre estarán allí y nunca nos fallarán si les pedimos algo, así sea una nimiedad o algo verdaderamente importante. Incluso si no se los pedimos, si se enteran, ellos intercederán por nosotros sin que lo sepamos.

Pienso en Ari Cazés como un amigo de este tipo, un gran amigo oculto, Creo que él conocía más cosas acerca de mí (muchas se las contaba yo mismo, otrás él mismo las intuía acertadamente) que yo de él. Pero se debía, sobre todo, a que yo lo respetaba y lo admiraba, y no consideraba adecuado andarle preguntando cosas si él no quería contármelas. Pienso que él lo prefería así, porque era sumamente celoso de su privacidad y de su libertad.

Esto sí lo sabía ―porque era testigo de ello todos los días―: Ari valoraba al máximo la libertad; decía que ésta había que ganársela y defenderla a diario, pero también había que ser responsable al ejercerla y asumir las consecuencias de ser libre. Eso hizo que admirara su independencia y su capacidad de indignación ante la injusticia, el cinismo y la corrupción. En los últimos meses, Ari estaba emprendiendo con disciplina y dedicación ― como emprendía todo lo que se proponía― la búsqueda de la libertad interna, despojándose de la tensión y de las malas vibraciones, para encontrarse consigo mismo y estar en sincronía con algo superior, más limpio y más sano.

Las felices coincidencias de la vida hicieron que trabajáramos juntos durante casi seis años, tiempo en el que se fue labrando esa amistad y en el que compartimos muchas ideas y experiencias (después de todo, pertenecíamos a la misma generación, la de los hijos del 68). Pero, sobre todo, compartíamos la pasión por la vida y la literatura, que a final de cuentas es lo que importa: largas sesiones de charla y discusión, de aprendizajes y reflexiones, de solidaridad y amistad.

Ahora que él ya no está, que no puedo acudir a él para plantearle alguna duda, que no está para cuestionarme y hacerme pensar más allá de lo evidente ―como el “viejo sabio joven” que era―, pienso que nunca nos dijimos así, abiertamente, que fuéramos amigos. A lo mejor lo considerábamos innecesario. Ahora sé ―por nuestra mutua amiga Sandra Heiras― que él se refería a mí como su amigo y que manifestaba su cariño y admiración por mí ante los demás. Sin embargo, ahora nadie le dirá que ahora yo hago lo mismo, aunque estoy seguro de que, de alguna manera, lo sabe.

Dicen que las personas que pierden algún miembro, una pierna o un brazo, a veces sienten frío o hasta dolor como si el miembro ausente aún siguiera en su lugar. Algo parecido sucede con la muerte intempestiva de un amigo, con quien convives todos los días: además de la sensación de desamparo, de vacío, el corazón sigue mandando impulsos como si la persona aún estuviera junto a uno y fuera a aparecer en cualquier momento como si nada hubiera pasado.

A final de cuentas, terminamos por aceptar que ese ser querido ya no está más aquí, pero lo seguimos sintiendo cerca, como sigo sintiendo cerca a mi amigo Ari Cazés.

martes, junio 16, 2009

In memoriam Ari Cazés (1968-2009)

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miércoles, junio 03, 2009

El Oráculo del Amor

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Los invito a que asistan al espectáculo poético, culinario y musical titulado “El Oráculo del Amor”, escrito y dirigido por mi amiga y maestra Gabriela Ynclán.


Se trata de un original espectáculo interactivo, donde el público hace preguntas acerca del amor y un poeta invitado responde con un poema, todo ello aderezado con canto, actuación y deliciosos platillos.


Participan Camila Villegas, Álvaro Espinosa y el cantor Marco Antonio Bórquez.


Este sábado 13 de junio de 2009 a las 18 horas estará como poeta invitado su servidor, Guillermo Vega Zaragoza.


La cita es en un nuevo espacio cultural llamado Casa de Ondas, ubicado en Carpio 117, colonia Santa María La Ribera, detrás del Kiosko Morisco (cerca de la estación del metro y metrobús Buenavista).


La entrada general es de 70 devaluados pesos, con descuento a maestros, estudiantes y jóvenes de 70 años en adelante.


Ojalá nos puedan acompañar. Nos dará mucho gusto verlos por allá.

lunes, junio 01, 2009

Inicia el Taller de Escritura Creativa hasta el 11 DE JUNIO

Nomás para avisarles que el Taller de Escritura Creativa de este tundeteclas de confianza iniciará hasta el 11 DE JUNIO.

O sea, tienen aún chance de juntar sus centavitos y apuntarse, ¿OK?

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Diplomado de Creación Literaria en Escuela de Escritores de Puebla



Pues nada, que acá su tundeteclas estará impartiendo los cursos de Técnicas Narrativas I y Taller de Novela 3 en el Diplomado de Creación Literaria de la Escuela de Escritores del Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP).

Dénle click a la imagen del folleto para ver toda la información.

Blog del IMACP: http://arteyculturadepuebla.blogspot.com/

sábado, mayo 30, 2009

Al lado del camino



por Fito Páez

Me gusta estar a un lado del camino
fumando el humo mientras todo pasa
me gusta abrir los ojos y estar vivo
tener que vérmelas con la resaca
entonces navegar se hace preciso
en barcos que se estrellen en la nada
vivir atormentado de sentido
creo que ésta, sí, es la parte mas pesada.

En tiempos donde nadie escucha a nadie
en tiempos donde todos contra todos
en tiempos egoístas y mezquinos
en tiempos donde siempre estamos solos
habrá que declararse incompetente
en todas las materias de mercado
habrá que declararse un inocente
o habrá que ser abyecto y desalmado.

Yo ya no pertenezco a ningún ismo
me considero vivo y enterrado
yo puse las canciones en tu walkman
el tiempo a mi me puso en otro lado
tendré que hacer lo que es y no debido
tendré que hacer el bien y hacer el daño
no olvides que el perdón es lo divino
y errar a veces suele ser humano.

No es bueno hacerse de enemigos
que no estén a la altura del conflicto
que piensan que hacen una guerra
y se hacen pis encima como chicos
que rondan por siniestros ministerios
haciendo la parodia del artista
que todo lo que brilla en este mundo
tan sólo les da caspa y les da envidia.

Yo era un pibe triste y encantado
de Beatles, caña legui y maravillas
los libros, las canciones y los pianos
el cine, las traiciones, los enigmas
mi padre, la cerveza, las pastillas los misterios el whisky malo
los óleos, el amor, los escenarios
el hambre, el frío, el crimen, el dinero y mis 10 tías
me hicieron este hombre enreverado.

Si alguna vez me cruzas por la calle
regálame tu beso y no te aflijas
si ves que estoy pensando en otra cosa
no es nada malo, es que pasó una brisa
la brisa de la muerte enamorada
que ronda como un ángel asesino
mas no te asustes siempre se me pasa
es solo la intuición de mi destino.

Me gusta estar a un lado del camino
fumando el humo mientras todo pasa
me gusta regresarme del olvido
para acordarme en sueños de mi casa
del chico que jugaba a la pelota
del 49585.

Nadie nos prometió un jardín de rosas
hablamos del peligro de estar vivo
no vine a divertir a tu familia
mientras el mundo se cae a pedazos
me gusta estar al lado del camino
me gusta sentirte a mi lado
me gusta estar al lado del camino
dormirte cada noche entre mis brazos
al lado del camino
al lado del camino
al lado del camino
es mas entretenido y mas barato
al lado del camino
al lado del camino.

viernes, mayo 22, 2009

Cursos y talleres en Donceles 66

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lunes, mayo 18, 2009

Taller de Escritura Creativa en Donceles 66

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miércoles, mayo 06, 2009

Doce días que cambiaron a México

por José Narro Robles *

Tomado de Milenio Diario: http://impreso.milenio.com/node/8571140

Como en muchos otros momentos de la historia, nuevamente la enfermedad se ha ensañado con nuestra sociedad. Con la epidemia, la salud de muchos mexicanos se ha visto afectada. Decenas de ellos han perdido la vida y es imposible ignorar el grado de riesgo que estamos sufriendo. Somos millones los que en estos días hemos compartido una enorme preocupación por la magnitud y la potencialidad negativa de esta amenaza.

Sin embargo, los daños de la epidemia, los directos y los intangibles, al igual que ella misma, apenas se empiezan a notar. Los casos de enfermedad, los de muerte y el pánico de la gente, han sido la expresión inicial de esta patología. A ella se deben sumar muchas otras consecuencias. La economía, la vida política, la imagen de México en el extranjero y el propio comportamiento colectivo, han sido trastocados.

Durante los últimos 12 días, la mayor parte de nuestra población ha valorado de manera directa la importancia de la salud. La emergencia sanitaria originada por la epidemia de influenza, nos ha obligado a reflexionar y a actuar. Ha hecho que cambiemos súbitamente nuestra forma de vida. Ha interrumpido hábitos y obligado a tomar patrones que nos resultaban distintos. Hoy nos damos cuenta que, sin salud, poco importan muchas cosas materiales. Hoy estamos seguros que la salud va primero.

Cuando llegue el momento de hacer el balance, encontraremos que muchas cosas han cambiado, pero que otras persisten. Tendremos nueva evidencia de que la injusticia se ensaña con el pobre y el ignorante. Contaremos con un ejemplo adicional de que si bien es cierto que la enfermedad afecta a todos, sus consecuencias no son iguales. Acumularemos pruebas de que las secuelas más negativas las habrán padecido los que tienen menos y más necesitan.

Una vez más nos encontraremos con la dureza de la falta de solidaridad internacional y la hipocresía de algunos que un día aportan bienes materiales y al siguiente discriminan, vejan y excluyen y que, además, lo hacen sin sustento científico. Al final, nos sobrarán ejemplos de que el problema en la sociedad contemporánea reside en el resquebrajamiento del sistema de valores.

Muchas cosas traducen el comportamiento de la epidemia. Por una parte, la necesidad de revisar a fondo nuestro sistema de salud. Requerimos de mayor eficiencia, de respuestas más oportunas, de una articulación más contundente.

México necesita contar con un verdadero sistema nacional de salud. Con un sistema público, de cobertura universal, con capacidad de respuesta en los servicios personales y también en los colectivos, descentralizado pero coordinado, con sistemas de vigilancia epidemiológica pertinentes, incluida una red de laboratorios de salud pública de alta calidad.

Por la otra, entender que la verdadera inversión del país se tiene que dar en la educación superior; en la investigación científica; en los proyectos que apuntalen la soberanía nacional; en aquellos que atenúen, hasta desaparecer, nuestra dependencia del exterior.

No podemos regresar al mismo estado de cosas cuando se someta esta epidemia. Son muchos los países para los que antes éramos referente y a los que ahora les vemos la espalda. Son muchas las sociedades que optaron por un rumbo distinto y que ahora, dos o tres décadas más tarde, se han vuelto el ejemplo a seguir.

Al hacer el recuento objetivo será muy clara la importancia que para nuestra sociedad tienen las instituciones públicas. A aquellos a quienes su dogma les permite imaginar que la salud y la educación son el siguiente caso de privatización, les resultará imposible plantear una respuesta organizada y oportuna a partir de su fantasía. No estaríamos aquí en ese supuesto, seguiríamos contando los casos y las defunciones; estaríamos preocupados por canalizar la rabia colectiva; estaríamos denunciando a quienes se aprovechan de la situación, a quienes han encontrado un nuevo nicho de mercado: el del dolor y la desvergüenza.

El país y su capital han sido golpeados. Nadie puede negar la dureza de la epidemia, la extensión de sus estragos. También es cierto que no es éste el primer problema de esta magnitud que nuestra ciudad enfrenta. Como en otras ocasiones: saldremos adelante. No tengo duda. Lo haremos con trabajo y determinación; con ideas y unidad; con el fortalecimiento de nuestras instituciones y una nueva visión de futuro; con el cambio de paradigmas y nuevas apuestas en favor de la ciencia y la tecnología, de la autonomía que da el saber y que garantiza el hacer; con la apuesta por el futuro, por la innovación y el desarrollo humano; con el compromiso de los sectores y la guía de la cultura y el humanismo.

Tenemos que aprender con prontitud y responder con rapidez. Ni la amenaza ha cedido, ni lo peor ha quedado atrás. En virtud de las circunstancias, sólo hemos recibido un aviso, un grave anticipo. No es ésta la que algunos anunciaban como la epidemia inminente. Ni la infectividad ni la letalidad de este tipo de casos, son lo peor que nos puede ocurrir. Por ello, tenemos que transformar los modelos de operación y fortalecer sus capacidades de respuesta. Es urgente hacerlo, es indispensable mejorar nuestra capacidad instalada y ponerla en la ruta debida.

Como siempre, las mejores muestras, las de solidaridad y compromiso, las de comprensión y colaboración, las dieron los integrantes de la sociedad y los profesionales. Ahí están médicos y enfermeras, trabajadores de la salud y científicos, pero también las familias de los mexicanos que dependen del ingreso diario, los que viven literalmente al día y de lo que obtienen en su jornada.

Tenemos que ver hacia adelante, con optimismo y convicción, con la certeza de que si trabajamos juntos y con intensidad, podremos mejorar nuestras condiciones, tener un porvenir más digno.

Ante la adversidad, hay que reconocer las hazañas de la gente de nuestro país. En esa tarea, la ciudad y México pueden estar seguros de que cuentan con la UNAM, con su Universidad Nacional.

* Texto del rector de la UNAM leído por Ramiro de Jesús Sandoval, director de Servicios a la Comunidad de la UNAM, durante la instalación del Consejo para la Recuperación Sanitaria y Económica de la Ciudad de México. Narro es, además, epidemiólogo

jueves, abril 30, 2009

La novela, esa Gran Prostituta

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Mailer, fotografiado por Diane Arbus, 1963.

Para salirnos un poco de la vorágine informativa sobre la influenza, una cita tomada de Un arte espectral (Emecé, 2009), el excelente libro postumo de reflexiones sobre la escritura que nos dejó el polémico novelista norteamericano Norman Mailer.

Un día se encuentra platicando con su amigo-rival Gore Vidal, otro gran autor estadounidense, acerca de la situación de la novela moderna.

Comenta Mailer:

“Gore, reconócelo. La novela es como la Gran Prostituta en nuestra vida. Creemos que nos hemos librado de ella, pasamos a otras mujeres, nos tomamos el pulso y decidimos que por fin estamos disfrutando de nosotros mismos, y después damos vuelta en una esquina, y ahí está la Prostituta sonriéndonos, y estamos atrapados. Sabemos que la Prostituta todavía nos tiene agarrados”.

"Vidal dejó escapar esa sonrisa torcida de admiración que se arranca de él cuando algún otro ha acuñado una imagen que podría encajar en su estilo. “Es cierto —dijo—, la novela es la Gran Prostituta”.

"Todo novelista que se haya acostado con la Prostituta (sólo los poetas y los cuentistas tienen una musa) vuelven después jactándose como un soldado en campaña que sale de una parranda en un prostíbulo: “Viejo, la hice gemir”, dice el grito del escritor joven. Pero la Prostituta se ríe después en su cama vacía. “Él fue tan dulce al principio —declara— pero al final sólo hacía “Pip, pip, pip”.

"Un hombre pone su carácter en juego cuando escribe una novela. Todo lo que en él es perezoso, o meretricio, o poco madurado, complaciente, temeroso, ambicioso en exceso, o aterrado por la lógica final de su exploración puede quedar revelado en su libro. Algunos escritores tienen la habilidad de ocultar sus debilidades; algunos tienen cierto genio para convertir una debilidad en un manierismo de estilo aceptable. No obstante, ningún novelista puede escapar del todo de su propio carácter. Tal vez sea ésa la peor noticia que un escritor joven puede oír".

"Una nota más sobre la Prostituta. Un amigo, después de leer los párrafos previos, dijo: “Ése es el título de tu libro: Yo la hice gemir”. Le aseguré que nunca había tenido un día tan valiente como para estar dispuesto a usar ese título".

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Lo mejor y lo peor del ser humano

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Las situaciones extraordinarias, como esta emergencia sanitaria por la que estamos atravesando, hacen que aflore la verdadera naturaleza de cada persona, lo mejor o lo peor del ser humano. Todo el día, a todas horas, al mismo tiempo estamos siendo testigos de muestras extraordinarias de lucidez y de estupidez, de altruismo y de egoísmo, de solidaridad y de avaricia.

Decía Joseph Conrad: “La creencia en una fuente sobrenatural del mal es innecesaria. Los hombres por sí solos son perfectamente capaces de cualquier maldad”.

He recibido decenas de correos electrónicos con explicaciones sobre las motivaciones de esta emergencia sanitaria. Casi ninguna establece sus asertos como hipótesis, sino como hechos consumados: “Así es, esta es la verdad porque lo leí en tal publicación o en tal blog, me lo dijo fulano de tal o yo lo pensé así, porque yo no me dejo engañar”.

Es lógico que esto suceda: no hay nada peor que la incertidumbre. Hay personas que requieren la seguridad de creer en algo, no importa qué: Dios, un gurú, la ciencia, Superman, una ideología, ellos mismos. Les resulta insoportable la posibilidad de que algo no pueda ser explicado o que ellos no lo puedan entender de acuerdo con su limitada comprensión del universo. Por eso recurren a explicaciones simples o intrincadas, es lo de menos; lo que importa es que satisfagan su necesidad de seguridad, que es lo que requieren para poder seguir funcionando y no caer en la angustia y la zozobra.

(Por eso también es lamentable que se vaya a eliminar el estudio de la filosofía en el bachillerato. Ahora, tampoco es que antes los chavos se la pasaran en las tertulias discutiendo sobre Platón o Nietszche. Siempre ha existido prejuicios muy acendrados sobre la filosofía entre la gente común: de que nada más es puro rollo, que a quien le interesa la filosofía está medio loco, y que no sirve para nada práctico. Esto último se revela aún más falso en momentos como éste. Si la mayoría de la población tuviera idea de que la realidad es mucho más compleja que la telenovela de las nueve o la tabla de posiciones del futbol, no estaríamos sufriendo tanto).

Pocos fenómenos del universo son sencillos de explicar, mucho menos algo tan poco frecuente para el hombre común contemporáneo, como el de esta enfermedad pandémica. No es posible reducir todo a un solo factor, sino que los elementos involucrados son muchos y complejos. Y no los vamos a entender en un solo día, posiblemente ni en años. Además, las cosas apenas están sucediendo, y hay que esperar a que sucedan para luego analizarlos.

Además de aquellos que han muerto a causa del virus, una de las primeras víctimas ha sido el sentido común. Como lo decía un amigo mío, profesor guatemalteco, es evidente que los señores del gobierno encargados de comunicar sobre el problema a la población saben muy poco de medicina, de comunicación y de política. Y aquellos encargados de hacer llegar la información, los periodistas y locutores de los medios electrónicos, saben aún menos.

Las medidas adoptadas por los gobiernos federal y local del DF revelan lo que ya era predecible: su mayor temor es que la epidemia se les salga de las manos. Por eso han apostado al aislamiento y la “distancia social” de las personas, cerrando los lugares públicos y las actividades “no esenciales”. Y su miedo tiene una razón poderosa: el sistema de salud de México es un asco. Es incapaz de dar respuesta adecuada a una emergencia de estas magnitudes.

Leo reportajes en medios extranjeros que se escandalizan porque los pacientes tienen que esperar horas en las clínicas, los traen de un lado para otro y sufren un verdadero calvario para lograr que los atienda un doctor, aunque eso tampoco sea ninguna garantía de que se vayan a curar, porque falta que el doctor le “atine” al diagnóstico. Y esto es el pan de cada día. Y ahora nos parece sorprendente que eso suceda, como si siempre hubiéramos sido suecos o suizos o donde sea que el sistema de salud funcione como debe.

Los periodistas también se preguntan: ¿por qué en Estados Unidos no se están contagiando y muriendo tantos y por qué en ningún otro país se han tomado medidas tan drásticas como en México? Para empezar, habría que saber cómo funciona el sistema médico en Estados Unidos, lo cual desconozco (aunque después de haber visto el documental Sicko de Michael Moore, me doy una idea).

Esto me lleva a otra hipótesis: que una vez que haya pasada toda la emergencia, el gobierno asuma que en su estado actual el sistema de salud es totalmente insuficiente para enfrentar emergencias de este tipo y en general para atender a la población, y decida privatizarlo, precisamente como ya lo estaba haciendo con el Seguro Popular, pero ahora sí con la total anuencia de la población.

Y como sabemos, no necesariamente la privatización de los servicios garantiza una mejora, antes al contrario: se ponen peor, porque lo que le interesa únicamente a los empresarios es el lucro y la ganancia, y no necesariamente el servicio social.
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