viernes, noviembre 20, 2009

La noche de un día difícil

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"Suicidio" de Edouard Manet (1877)

por Fernando Reyes


A Demián Reyes.
A David Reyes, in memoriam.
A Memo, Edgar y Roger.

Es de noche, muy noche. Te llegan muchas cosas a la cabeza, atrabancadamente, atragantadamente. Y en noches como éstas siempre quisieras que venga ella y encienda tu fuego. Try to set the nigth on fire. Pero ella se fue de casa, has trabajado como perro y no hay quien te abrace. Había una chica con ojos de caleidoscopio, que compró una escalera al cielo. Con diamantes. Ya estás alucinando de nuevo. El alcohol ya no es para ti. La droga menos, eso quedó atrás. Fue para tu generación, los jinetes en la tormenta, se podaban ustedes mismos, recuerdas. Las noches de bohemia. Rápsodas en una buhardilla. Desmenuzando las letras, estudiantes de letras, arrojados a este mundo, como perros sin hueso. Contando anécdotas: Billy Cook asesinó a toda una familia en Illinois, A sangre fría. El guardián en el centeno, Trópico de Cáncer, Coprofernalia y otros libros que comentaste con ellos. Un hombre asesinó a otro hombre, a un soñador. El mundo sin fronteras ni religiones se empezaba a acabar. Sectas suicidas, muros y el recuerdo de tu mejor amigo rasurándose las cejas en homenaje a Pink. Extrañas a tus amigos de generación, degenerados. Come together. Con una pequeña ayuda de ellos quizá no te sentirías así, arreglando un hoyo. Tu propia tumba. Help! ¿Qué quedó de aquellos años? El tocadiscos viejo tiene tanto polvo como tu memoria. Otro trago para desempolvar el alma. When I was younger so much younger than today, ya entonado, cantas desentonado la rolita de Lennon y McCartney. Te burlas de las ideologías, de Lenin y MacArthur. Tanto rollo para que el mundo se reduzca a un supermercado. Tanto chorema de Pitágoras para que tus amigos se convirtieran en ciudadanos ejemplares. Tanto pedo pa cagar aguado, piensas y caes en la cuenta que el güisqui te está surtiendo efecto, que si te vieran tus examigos te volverían a negar. Tres veces. Tres amigos. Ex. Tres mujeres. Ex. Tu exmadre, tu expadre. Ya no tomes. Tu poca inteligencia te hace ver lo ridículo de sentirte víctima; sin embargo esta noche quieres zurrarte en todo, en ti mismo defecar, como la escena de The Wall. Empiezas a mezclar las bebidas y los idiomas y las escenas y los libros y las películas y mujeres que has tenido. Tomas la funda del elepé de los Who y comienzas a traducir: People try to put us d-down: “La gente intenta ponernos abajo”; sabes que eso suena asqueroso y corriges: “Todos tratan de sobajarnos / porque a nuestro alrededor hay cosas que parecen horribles...”. Recuerdas a tu ex mejor amigo declamando en francés el poema de Bretón “Chevaliers de l´Ouragan”. El volumen de tu estéreo se sube sin que nadie le haya subido. Las honorables cincuentonas del piso de abajo han empezado a golpear con el palo de escoba su techo para que le bajes a tu escándalo. A ti no te importa, como si no supiera todo el edificio que a veces meten a muchachitos veinteañeros con el pretexto de que son vendedoras por catálogo. A ti no te importan ellas, ni tus compañeros de trabajo que viven para el fútbol. People are strange when you are strange. Si no te importas tú qué te van a importar los otros, a pesar de que estés cantando “I am he as you are he as you are me and we are all together”, del grupo integrado por un humanista, un ecologista, un hinduista y un cavernario. Ringo Starr es el hombre más afortunado del mundo, dices para tus adentros, te carcajeas y te sirves otro trago de ron, a pesar de que sabes que mezclar te hace tanto daño. Forjas otro cigarro. También has mezclado los elepés con los cidís. Y piensas en ella otra vez. Come on baby, you were my queen and I was your fool. Ya no te da risa tu victimización y te la crees de verdad. Love me two times, I´m goig away. Te llega de súbito el único amigo que acabó con sus días en sus años mozos, cual verdadero jinete atormentado. Seis personas estuvieron en su sepelio. Tú y tus otros examigos no estuvieron porque estaban embriagándose en una playa a cientos de kilómetros de la caja del muerto. La vida no es lógica y luego Supertramp en el tocadiscos: When I was youn, it seemed that life was so wonderful. Te sientes un perro negro mordiendo el polvo esta noche que la realidad y tus años se estrellan en tu alma. Is this the real life. Is this just fantasy. No escape from reality. Rápsodas bohemios, qué tristeza me dan, sus días se han dio. Mañana tendrán que ser hombres nuevos. Tocas la batería imaginaria y, de nuevo, maldita, sea, te llega el recuerdo de tus amigos tomando Ron Richardson a las siete de la mañana. Sólo pocos hombres nacieron para el rock, sólo uno tiene un pacto. Eres una piedra rodante. Las piedras rodando platican en tu buhardilla acerca del día en que Jagger fue encontrado a sus sesenta años en una habitación con seis muchachitas. Tú eres Nobody. Eres el púber eterno, el artistilla adolescente. Pedro Pan, que no quiere crecer, el que lucha por parir un mundo nuevo, el guardián en el centeno. Eres un guardián del orden y tu vida un desorden. No naciste en el país de Shakespeare. Eres de un país pequeñito. No tienes la silueta de Jagger a sus sesenta y seis corriendo el saltarín. No tienes simpatía por el diablo. El licor te sigue embotando los sentidos. Alguien toca la puerta. Las puertas de la percepción, alguna noche te gustaría escribir lo que sientes esta noche difícil, no podrás, la mente alterada no sirve para escribir. Has pateado a Allan Poe. Pones de nuevo el vinil de The Who. El rock es tan adictivo como los instantes eternos de un orgasmo. Se repite la rola. Se repite la rola. Se raya el disco precisamente en la rola “Who are you?”: Who are you? Who are you? Who are you? Y se repite o la repites, ya no sabes, el disco duro de tu memoria se ha desacelerado. Who are you? Who are you? Who are you? El alcohol te hace daño, Mr. Mojo, te lo han dicho tantas veces. Juar-yú. Juar-yú. Ríes para no llorar. Un hombre sin personalidad. El beat del rock te invita a bailar. Some dance to remember. Mr. Kite. Brincas tocando una lira imaginaria. La señorita Cometa, recuerdas y te cagas de la risa mientras das otro jalón. Rolas van y vienen, de tu oído a tu cerebro, de tu pasado a tu presente, de tus pies al corazón. Juar-yú. Juar-yú. I am the warlus y comienzas a aplaudir como estúpido. Eso eres, un payaso muriendo. Gritas soy Jack el saltarían. Te ves bailando heavy metal en aquel bario de donde no debiste salir jamás. I´m just a poor boy and nobody loves me. Eres una víctima payaso. Oh, Gloria. Angie, remember all the nights we cried. Let’ s spend the night together. Venía a mí envuelta en colores como un arcoiris. Lucía en el cielo con diamantes, qué pésima traducción. Eres Nobody Pérez. Eres Pink, cómodamente insensible, abrazado a los brazos-muros de su madre. Good bye, Ruby Martes. Entonces el tic tac de la muerte te hace ojitos. He blew his mind out in a car. Podría traducirse como que él se voló los sesos dentro de un auto. Baby, you can drive my car. Recuerdas a Gloriangielucy. Una te cuestionó tu vida, otra te cuestionó tu amor, la tercera no cuestionará tu muerte. Una de ellas murió en su auto, en una autopista desierta y oscura. Humo en el agua, fuego en el cielo. Fumas a la madre naturaleza. Such a lovely place. ¿Para qué vivir después de los 27? Tal vez tengas un imponente auto. You can drive your car. Imaginas a Jimmy después de sus 27 patrocinado por una marca de autos. La felicidad es un arma caliente. ¿Cómo sería Janis como burócrata de la cultura? La muerte te da güeva. Imaginas a Jim cantándole al Cristo más reciente, al de moda. Te da náusea pensarlo. Crees que Brian Jones se ha hecho millonario con el negocio de las guitarras. Jimmy, Janis, Jim, Jones. ¿Qué puede haber bueno en la vida después de los 27? J. J. J. J. Kurk Cubain desentonó. Keith, la luna y la bataca. Tu nombre empieza con jota, el más común, como tú, sin simpatía por nadie. Menos de seis personas irán a tu velorio. Debiste morir a los 17 cuando te mataron tus ganas de escribir. Lennon perdió a su madre a los 17. Mother, you had me but I never had you. O a los 7 cuando te mataron tus ganas de expresarte. Hey, teacher, leave the kids alone. O a los siete meses como tu hijo muerto antes de que conociera esta vida. Un día en la vida. Prefiero morir antes de envejecer, debió cantar tu generación, pero maduraron y te dejaron morir solo. Te caes y te levantas, sin metáforas. Adiós a las letras. Preferiste un Revolver psicodélico y te sumergiste en tu submarino hasta el fondo de tu vacío. I look at all the lonely people. En tu abismo buscas algo. No sabes qué. Happines is a warm gun. Tomas el revólver que es tu instrumento de trabajo y lo sopesas. Sopesas tu vida. Eres una morsa que está llorando, crying, crying. No eres un escritor de novelas, no harás una revolución. Estás pedísimo. Te han dicho que ya no bebas, has perdido a todo mundo. Piensas que es hora de que ellos te pierdan a ti. Piensas en las mujeres de tu vida, las que te la quitaron. Gloriangielucy. Eres Nobody. No tienes ojos. Se te nubla la visión con tanto humo. No tienes oídos y no escuchas a tus colegas policías detrás de la puerta. Oyes que te dicen wellcome to the hotel. Quisieras que fueran tus amigos estudiantes de letras... de canciones. No pudiste matar a la bestia. Huiste en un tren para escapar de ese fanático que eras tú mismo. Has perdido tu propia guerra. Has perdido a tu padre como Pink, como Tommy. No ves, no oyes, estás en tu hoyo cómodamente insensible. La madre de Richard Palmer. ¿Podríamos tener ahumados para el desayuno, mami? Te recuerdas bebiendo ron Richardson con tus amigos, pero ellos ya encontraron su hueso. Venden, compran, rezan, dichosos los normales. La felicidad siempre te ha pesado, costado tanto. Can´t buy me love. Siempre matas a la felicidad, eres un felicida. Madre superior jumps the gun. La madre María no llega a susurrarte palabras sabias al oído. No tienes oídos. La madre Superiora ha desenfundado ya. No tienes ojos ni lengua. La madre de Tommy. ¿Mami, puedes oirme, puedes tocarme? Recuerdas la madre-muro en una película. ¿Mother, should I build a wall? El niño José Pedro Pan quiere a su mamita y juega a ser policía. La madre de Mercury. Mamá, sólo maté a un hombre. A mí. Mamá, no quise hacerte llorar, mamá, no quiero morir. No tienes madre. Who are you. The answer is blowing in the air. Eres el tonto de la colina. Qué poca madre tuviste. You were only waiting for this moment to be free. Dispara antes de que te disparen. ¿Hay vida después de la vida? Vas a tener un auto de lujo. No obtuviste ninguna satisfacción. ¿Hay vida después de los 27? Cómodamente podrás seguir vivo. Dispara, insensible. Te vas a morir. Una tarjeta de crédito. Te estás muriendo. Un empleo envidiable, una esposa rubia, unos niños rubios y una casa rubia. Y más muerte, y más dinero, y más años. Dispara antes de que acabe esta noche difícil, antes de que llegue el éxito que todo hombre sueña. Sueña, cierra los ojos, escucha la última rola y recuerda cuando eras joven y la vida parecía maravillosa. You were only waiting for this moment to arise.

martes, noviembre 10, 2009

TRATADO DE IMPACIENCIA NO.2009

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No manchen: me cae que ya no lo vuelvo a hacer

La cosa fue así: nunca supe cuándo empecé a sentirme realmente mal, pero lo cierto es que un día desperté y sentí el abdomen pesado e hinchado, como si hubiera comido en demasía durante varios días seguidos. Cada vez me sentía más agotado, me costaba mucho trabajo caminar apenas unos metros sin agobiarme, perdía el aliento y sudaba como escuashista. Siempre pensé que era producto de mi gordura y de las malpasadas de beber y comer. Pero sentía que era la cruz que tenía que cargar por haber abusado de mí y de mi organismo durante tantos años. Ya saben: la pinche moral culpígena del catolicismo: “Ya gozaste con tu pecado, ahora no te quejes de la penitencia”.

Curiosamente, a partir de agosto, empecé a viajar para dar cursos en diversos estados de la República y hasta participar en una Feria del Libro, la de San Luis Potosí. Lo cierto es que siempre he sido totalmente sedentario y los viajes semanales a Puebla (aunque me encanta dar clases en la Escuela de Escritores, tanto por la generosidad de las autoridades como por el entusiasmo de los alumnos) empezaron a hacer mella.

En SLP empezó la debacle, digo yo, aunque es probable que ya la trajera cargando desde Ciudad del Carmen. La misma noche que llegué a tierras potosinas comí y bebí en exceso (no iba a perdonar las enchiladas). Al día siguiente, el de la presentación, vomité el desayuno y me fui al hotel a descansar. Afortunadamente, todo salió bien, pero ya me quería regresar a mi casa, a pesar de la hospitalidad de mi querido amigo Luis Carlos Fuentes.

La semana siguiente regresaría a las clases en Puebla. Ya tenía todo planeado: iría a la fiesta de cumpleaños de mi querida amiga Pilar, me retiraría temprano y a primera hora del sábado viajaría a la angelina ciudad. Pero amaneció el sábado y sentí que el mundo se me venía encima. Otra vez la justificación: “Pero si ni bebí tanto”. La cosa es que tuve la premonición de que en el viaje me pondría peor y podría pasar algo, así que como pude traté de comunicarme con los alumnos para que no fueran en balde. Y me encerré a piedra y lodo el fin de semana. Iluso de mí, pensaba que era pura cuestión de cansancio.

Pero ahora me dolía el abdomen y no dejaba de crecer. Lo sentía pesado, lleno de líquido. Pensé que podría ser algo relacionado con la gastritis. Tomé lo que se estila en esos casos y esperé. Pero nada. Cada vez me sentía peor. La cosa es que un viernes a las cinco de la tarde lo mejor que se me ocurrió fue ir a la sala de urgencias del hospital de Xoco. Entré y la sala de espera estaba atiborrada de pacientes (aquí sí se aplica literalmente el término). La mujer que tomó mis datos me dijo que estaban “algo” cargados de trabajo, así que me atenderían posiblemente en “unas tres horas”. Me preguntó si me acompañaba alguien. Le dije que no y me fui a sentar a un rincón de la sala desde donde dominaba todo el panorama.

Curiosa terapia ésta de la esperar en la sala de urgencias de un hospital público. Hablé a Puebla para avisar que nuevamente no iría a clases. Sentìa que mi internamiento en el nosocomio era inminente (me encanta escribir esto, me siento como guionista de Doctor House). Mientras observaba todo el desfile de enfermos y accidentados (una niña descalabrada, una joven con el brazo roto y las rodillas descarapeladas, un hombre con un dolor en el abdomen que no le permitía ni siquiera sentarse, una viejita en silla de ruedas con el trasero al aire y totalmente inclinada hacia adelante…), empezó a pasar el dolor y me puse a pensar en lo triste que era toda esa situación para todos, pero desde luego para mí. ¿Y si me internaban? ¿A quién le hablaría? ¿A mis hermanos? No, esos son unos inútiles. ¿A mis primas? Sería una molestia grande, pero ni modo. ¿A mis amigos? ¡Qué mal gusto ése de hablar en viernes para que vayan por ti al hospital! “¿Y qué te pasó? ¿Tienes la panza llena de agua y te duele la cabeza? ¡Nadie se ha muerto de eso! ¡Aguántate como los machitos, deja de perjudicar al prójimo y mejor vete a tu casa!”

Y así lo hice: a las nueve de la noche, pasé a comprar algo de comida al super y me fui a mi casa. Ya no me sentía tan mal. Pero el lunes, a primera hora iba a buscar un doctor, un especilaista, para que tratara el problema que yo creía aún que tenía que ver con una gastritis mal tratada.

Busqué en Internet algún doctor y encontré una clínica cerca de mi casa. Tampoco quería tener que ir tan lejos a la consulta. El lunes en la tarde llegué al consultorio. Expliqué al doctor los síntomas. Y lo primero que hizo fue tomarme la presión arterial. Lo hizo dos veces, pues no dejaba de sorprenderse. “Tiene usted la presión altísima. No sé cómo anda en la calle y no le ha pasado nada. Tiene 190/140”. Me enseñó una tablita que explicaba que lo máximo que se puede aguantar es una presión de 170/120. Es decir, 190/140 era para hospitalización inmediata. Ahí sí sentí miedito.

El doctor mandó a que me hiciera todo tipo de análisis: de sangre, rayos X, ultrasonido, electrocardiograma. Me prohibió el alcohol y la sal, me puso a dieta, me recetó unas medicinas, me mandó de inmediato a mi casa a guardar reposo absoluto, hasta que se me bajara la presión.

A los dos días fui a hacerme los estudios. El jueves le hablé a Pilar para decirle que no podría ir a su fiesta de Halloween disfrazado de Sully, el de Monsters Inc., pues estaba “algo indispuesto”. Le conté lo que había sucedido (sin las partes bochornosas) y mejor no lo hubiera hecho. De pendejo no me bajó: que por qué no les había dicho antes, que qué me creía, que no me hiciera el mártir, que en ese mismo momento me mandaba a la artillería pesada (a su hermana y a su cuñado) para sacarme de mi casa.

Logré calmarla y decirle que ya casi todo estaba bajo control, pero movilizó a toda su familia (la legal y la ampliada, jajaja, es que es tan grande que no se conforma sólo con los parientes directos sino hasta agregados y adoptados, como yo) y me hablaron por teléfono, me regañaron y me reconfortaron. También todos esos días hablé por teléfono con mi amiga Sandra, que también estaba enferma de la pleura, pero no tan grave.

El viernes regresé con el doctor y me dijo que la radiografía del corazón mostraba un crecimiento anormal, una cardiomegalia, y que tenía el ácido úrico altísimo, pero que todo lo demás estaba bien: glucosa, colesterol. triglicéridos. Me dijo que lo vería con su colega cardiólogo, pero hasta el miércoles, porque en ese momento su colega estaba en un seminario en Puebla.

En tanto, me puse a investigar de qué se trababa eso de la cardiomegalia y me entró más pánico. Ya me sentía al borde de la tumba. Pilar me dijo que fuera con otro doctor. Yo no quería, sentía que debía darle el beneficio de la duda al doctor que ya había consultado, aunque no parecía tan congruente al plantearme cosas tan graves (según yo) y dejar que pasaran los días en lugar de actuar rápidamente.

Al jueves siguiente, sin avisarme, llegaron Carmela y Adriana para llevarme a Cardiología. Entramos a urgencias sin ningún problema y un joven doctor me atendió, me midió la presión y me dio unas pastillas para bajarla en ese momento. Vio mi radiografía y me dijo que sí, efectivamente, el corazón estaba algo grande, pero que se debía a la propia alta presión arterial. Y que me tenía que atender un médico internista, no un cardiólogo, pues mi problema era la presión alta, no necesariamente una afección cardíaca.

Salí de la consulta con otra cara. Al día siguiente, decidí atender el consejo de Pilar y busqué a mi amiga Lupita Carpy para que me recomendara con su esposo, el doctor Walter Querevalú, especialista en medicina crítica del Hospital Mocel. Caray, qué diferencia. Finalmente, con todos los elementos que ya tenía me hizo un diagnóstico claro y preciso de mis padecimientos y me dio indicó un tratamiento específico para volverme a equilibrar.

Ahora tengo que tomar mis medicamentos, estoy a dieta rigurosa porque tengo que bajar hasta mi peso normal, no puedo beber alcohol ni andar en el relajo durante un rato ni estresarme demasiado. Espero en unos meses estar mucho mejor y sanar totalmente (aunque esto de la hipertensión es para siempre).

Yo no sé ustedes, pero yo sí soy medio sacatón con eso de las enfermedades. Quizá no era tan grave, y a lo mejor sobreactué y actué mal, tomé malas decisiones, y sobre todo no acudí a quienes podían ayudarme. Pero pues así aprendo yo: a punta de madrazos. Quéselevacé.

Escribo esto para agradecer con todo mi cariño a mis amigos que se preocuparon por mí, que me llamaron por teléfono, me mandaron mensajes por el correo electrónico o el FB e incluso me fueron a visitar a mi casa en esos días de reposo. Como diría Borges (citando a Soda Stereo): Gracias totales.

Y a seguirle dando, que es mole de olla.

domingo, noviembre 01, 2009

¿Cuánto cuesta un poema?

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Poetas osculares toman Bellas Artes

por Fernando Reyes


(Esto lo leyó Fernando Reyes en la presentación de su antología Nectáfora. Antología del beso en la poesía mexicana, y que tuvo lugar el pasado miércoles 28 en el Palacio de Bellas Artes. Como se dieron cuenta quienes fueron a dicho acto (y los que no, pues aquí estoy yo para informaros debidamente), acá su tundeteclas no pudo hacer acto de presencia debido a cuestiones de salud (me subió la presión arterial bien cabrón), pero me hubiera encantado compartir de nuevo la mesa y la poesía con toda la cuatitud que sigue (seguimos) en la necia de gestar nuestros propios proyectos sin necesidad de andar perreando bequitas ni premiecitos (si llegan, bienvenidos; pero tampoco nos desvivimos por ellos).

“No seas tonto –me dijo con una altisonancia un colega-, ¿para qué promocionas a otros y no a ti mismo? Y además no les cobras ni un quinto”, y agregó otra altisonancia. Llevo varios años y diez antologías pensando en aquella pregunta. La primera compilación que hice, como esta última, la edité con dinero de mi bolsillo. Fantasiofrenia. Antología del cuento dañado. Agotada en unas cuántas semanas, hasta la fecha me siguen pidiendo que la reedite. Recuerdo que aquellos cuentos fueron reseñados por Nacho Trejo Fuentes, recuerdo que mis alumnos se la peleaban; uno de ellos me dijo “¿Ya no tiene otra, maestro?, es que mi abuelita se quedó con ella?” Recuerdo que mi suegro, quien no había leído un libro en décadas, me incitó a lanzar Fantasiofrenia II, texto también agotadísimo. Cuando convoqué para esta segunda parte, solicité una carta en que cedieran los derechos para esta edición, pues también me habían advertido –con altisonancias, claro- que tuviera cuidado con esas cuestiones patrimoniales, sobre todo cuídate de los Rulfo, marca registrada. Todavía guardo con afecto la única carta de cesión de derechos que recibí, escrita a mano, letra neurótica, escaneada: el firmante: Guillermo Samperio, narrador dañado, amigo ídem. Con él compartieron el índice desde los decanos Gonzalo Martre y Gerardo de la Torre hasta Memo Vega y Edgar Avilés, quienes siempre confiaron en mi proyecto. También agradecí las plumas de Mauricio Carrera, Alberto Chimal, Ernesto Murguía, Eve Gil, Marcial Fernández, y otros jóvenes inéditos no menos talentosos.

El siguiente paso era lanzarme al mercado: necesitaba una buena inversión, socios, una oficina o local, lidiar con la burocracia de Dinamarca #84, trámites de International Standar Book Number, buscar distribuidores, negociar con los emporios libreros, en fin; rendirle cuentas al señor Carstens. Ser el microempresario con todas las oportunidades que el gobierno de Fox sembró en este país. ¿Eso era lo que quería? ¿Que mis libros se vendieran tres o cuatro veces más caros de lo que yo podría venderlos? No. ¿Y mi tiempo para escribir, para leer, para enseñar y seguir juntando escritores que hablen de lo que a mí se me antoje? Vender de mano en mano, de presentación en presentación, de feria en feria, de universitario en universitario, es – me lo ha enseñado un amigo que se encuentra en esta mesa- tremendamente digno. Para hacerme rico, ya estoy planeando con mi amigo cuentista Edgar Pérez, poner un criadero de langostas allá en las playas vírgenes de Guerrero. Espero que no sea uno más de sus cuentos dañados.

¿Pero por qué sigo promocionando a otros? La primera compilación me trajo enemigos porque el librito estuvo mal impreso. Un par de los integrantes, quienes (que yo sepa) jamás han vuelto a publicar, incluso, me pidió regalías. “Te has de haber llevado un buen billete” –dijo, agregando, por supuesto, unas altisonancias. Si alguien conoce a alguien que vendiendo libros de poesía haya ganado buen billete, que me lo presente, por favor, porque yo sólo saco lo necesario para pagar impresión, insumos, transporte, internet, diseño y, a veces, para un coctelito el día de la presentación. Como aquí en Bellas Artes hay que pagar servicio de meseros, copas y descorche hoy tendrán que perdonármelo. Hasta hoy sigo vendiendo mis libros a muy bajo costo, para demostrar que los libros se pueden salvar de la inflación y los impuestos. Aun así, luego ni los antologados mismos quieren comprarlos.

Tanto mal agradecimiento en mi corto camino de antogista me inspiró a compilar De perros y otras malas personas, que mereció un comentario de Vicente Quirarte, maestro y amigo que merece toda mi admiración. Cuando Quirarte me regaló unas palabras, creí que ya la había hecho en grande y me puse a buscar a los escritores más cotizados para que comentaran o presentaran mis antologías. Sorpresas que me llevé. A mayor prestigio, mayor cobro querían por una contraportada. Una reseña en una revista cotizada me costaría como una publicidad. Y muchos escritores que yo creí –porque así los había escuchado nombrase- promotores de la lectura, de los nuevos talentos y amantes de la literatura, me salieron más falsos que las promesas de campaña. Algún día diré los nombres de quienes me trataron con desdén, indiferencia y, claro, con altisonancias por mi insistencia.

Con tantas altisonancias que me han dicho, decidí compilar mi Calemburetruécanos. Antología de groserías y doble sentido en la poesía mexicana, en la que rescaté los exquisitos versos, entre otros, de “Renato Leduc y Salvador Novo quienes reivindican, en formas clásicas, el manejo creativo de la grosería”, tal como escribió Monsiváis en la cuarta de forros. En la casa de Carmen Boullosa, le pedí a su hermano si me dejaba incluir su Poenalga en la siguiente edición; y antes de que Pablo pusiera peros, su hermana me autorizaba: “Sí, hazlo, yo soy su agente literario”. Me ha dicho, con groserías cariñosas, que si incluyo a algún famoso quizá la antología se difunda en la televisión, que es el nuevo escaparate de los escritores. Si no sales en la tele no existes. Creo que tampoco quiero eso. Ya no me peleo con los escritores y sus agentes, ni con las divas que tanta risa me dan, ni con los primerizos que buscan desaforados la fama. Estoy tan curado de eso que hice una antología literaria que le hiciera la competencia a los libros de autoayuda; Carpediemeros, en la que Eduardo Casar habla de vivir al máximo “ora que puedes”, Javier Sicilia agradece a la vida, o Ernesto Cardenal habla de lo bello que es un amanecer. Cuando no quiero pelear con los de aquí, me voy a Cuba y compilo Palabras en la arena, Antología de jóvenes poetas cubanas.

Quiero que mis próximas antologías las lean gentes tan comunes y corrientes como yo, quiero seguir incluyendo a jóvenes inéditos, quiero hacer mi cuarto libro de besos y mi cuarto libro de cuentos dañados, quiero que se agoten los 500 ó 1000 ejemplares que edito, quiero que de vez en cuando las comenten y presenten verdaderos lectores y amantes de la literatura, no divas ni señores prestigiados, quiero seguir presentándolos en una cárcel, en una plaza, en un bachilleres y, hasta por qué no, en un recinto de Bellas Artes, como hoy, rodeado de amigos, de familiares, de alumnos y de algún distraído que entró por casualidad, a ver si había cóctel, y que estoy seguro que no se irá sin su libro de besos. Cómpralo, la poesía es para ti, no para privilegiados. Compra mi antología, podrás leer a 90 poetas mexicanos, el más grande tiene 191 años, se llama Guillermo Prieto y fue un hombre de una sola pieza; y la más joven tiene 24, se llama Ileana Garma, y anda por aquí, para firmarte su poema. En total son 100 poemas, no tienen el 16% de impuesto. ¿Pagarías cincuenta centavos por cada poema?

Leído en Bellas Artes en la presentación de Nectáfora (28/10/09)

miércoles, octubre 28, 2009

Nectáfora en BA

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viernes, octubre 23, 2009

UNAM, Premio Principe de Asturias 2009

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Prestigiada distinción


por Guillermo Vega Zaragoza


(tomado de Revista de la Universidad de México, octubre 2009)

Una vez más, nuestra Alma Mater, la Universidad Nacional Autónoma de México, obtiene un importante reconocimiento internacional por su destacada labor educativa, científica y cultural. En esta ocasión se trata del Premio Príncipe de Asturias 2009 en la categoría de Comunicación y Humanidades, lo que constituye gran motivo de orgullo para todos los universitarios que con su trabajo, dedicación y compromiso han convertido y mantienen a la UNAM como la mejor universidad de Iberoamérica y una de las mejores del mundo.

Este premio ―que será entregado por el Príncipe Felipe de Borbón el 23 de octubre en el teatro Campoamor de Oviedo, Asturias― constituye una de las más prestigiadas distinciones no sólo en España e Hispanoamérica sino a nivel internacional, tanto por la categoría de los premiados como por la composición de los jurados, destacados miembros de la comunidad científica, artística, cultural y política de España.

Los premios fueron creados en 1981 y desde entonces se otorgan cada año. Los premiados pueden ser personas individuales, instituciones o grupos de trabajo de todo el mundo, que hayan destacado en su trayectoria en alguna de las ocho siguientes categorías: Artes, Deportes (incluida desde 1987), Ciencias Sociales, Comunicación y Humanidades, Concordia (incluida desde 1986), Cooperación Internacional, Investigación Científica y Técnica, y Letras.

En esta ocasión el jurado que decidió otorgar el galardón a la UNAM estuvo integrado por José Antonio Álvarez Gundín, Alejandro Echevarría, Javier Gómez Cuesta, Javier González Ferrari, Álex Grijelmo, José Luis Gutiérrez, Daniel Innerarity, Miguel Ángel Liso, Manuel Lombardero, Ramón López Vilas, Catalina Luca de Tena, Francisco Luzón, Hans Meinke, Ana Rosa Migoya, Jaime Montalvo Correa, Beatriz de Moura, Pedro Páramo, José Luis Pardos, José Ramón Pérez Ornia, Alberto Pico, José Antonio Sánchez, Jesús de la Serna y Enrique Ybarra. Estuvo presidido por Ricardo Senabre y fungió como secretario Juan Luis Iglesias Prada. Cabe destacar que el premio está dotado con 50,000 euros (cerca de 70,000 dólares) y la reproducción de una estatuilla diseñada por Joan Miró.

Los lazos que vinculan a la UNAM con España se extienden desde la fundación de la Real y Pontificia Universidad de México, en 1551, que siguió el modelo de la Universidad de Salamanca. En 1910 se convirtió en Universidad Nacional como institución de enseñanza superior del Estado mexicano. Posteriormente, en 1929, obtuvo su autonomía, como fruto de la movilización de la comunidad universitaria. En la actualidad es la principal institución de estudios superiores de carácter público del país y una de los más importantes de Iberoamérica.

En el campo de las humanidades, la UNAM ha destacado por su trayectoria abierta al pensamiento iberoamericano y como centro de acogida de destacados intelectuales y artistas españoles exiliados tras la Guerra Civil. Muchos de ellos siguen impartiendo sus conocimientos en esta casa de estudios, como Adolfo Sánchez Vázquez y Ramón Xirau, al igual que lo hicieron en el pasado muchos de sus compatriotas, como José, Gaos, Luis Cernuda, Wenceslao o Max Aub, exponentes del grupo de intelectuales que trajeron a México sus conocimientos y experiencia en campos tan diversos como la filosofía, las ciencias sociales, la medicina, la literatura o el derecho. Pero, sobre todo, aportaron una actitud ejemplar y una profunda vocación humanista; mostraron una enorme congruencia entre sus pensamientos, sus hechos y sus palabras, por lo que hicieron escuela a través de un ejemplo contundente de valores y principios que defendieron y siempre fueron consistentes con sus convicciones.

La UNAM siempre ha estado ligada con las naciones iberoamericanas y ha sostenido un gran compromiso con los valores e ideales de nuestros pueblos. En 1920, José Vasconcelos reconoció que la educación superior era uno de los espacios donde la comunidad iberoamericana podía encontrar un punto de confluencia. “Comencemos entonces haciendo vida propia y ciencia propia. Si no se libera primero el espíritu, jamás lograremos redimir la materia”, dijo el entonces rector de la Universidad. En efecto, con ideas y objetivos comunes se llegará a la unidad y a la afirmación de la identidad iberoamericana y la integración de los países hermanos en la cultura.

La UNAM fue propuesta para el premio por el embajador de España en México, Carmelo Angulo, y apoyada por la International Association of University Presidents (IAUP), representativa de más de 600 instituciones educativas de África, Europa, Latinoamérica, América del Norte y diversos países de Asia, Arabia y el Pacífico. Además, muchas personalidades distinguidas del mundo académico, científico, cultural político e intelectual de Iberoamérica, entre ellas varios galardonados anteriores del premio, enviaron sendas cartas de apoyo a la candidatura de la UNAM, dejando en el camino a otras veinte candidaturas procedentes de doce países, entre las que figuraban la del historiador británico Geoffrey Lloyd, el sociólogo alemán Ulrich Beck y el filósofo español Emilio Lledó.

Más de una docena de personas e instituciones mexicanas han sido distinguidas con este premio desde su creación en 1981 y algunas de estas eminencias se formaron en la UNAM. Entre los galardonados se encuentran: Juan Rulfo, Emilio Rosenblueth, Marcos Moshinsky, Guido Münch, Francisco Bolívar Zapata, Silvio Zavala, Carlos Fuentes, Pablo Rudomín y Ricardo Miledi, así como la editorial Fondo de Cultura Económica y el Colegio de México.

El pasado 10 de junio de 2009, el jurado del premio, reunido en la ciudad de Oviedo, España, anunció su decisión con el siguiente dictamen:

A lo largo de los cien años de su existencia, la Universidad Nacional Autónoma de México ha sido el modelo académico y formativo para muchas generaciones de estudiantes de diversos países y ha nutrido el ámbito iberoamericano de valiosísimos intelectuales y científicos. La Universidad Nacional Autónoma de México, que acogió con generosidad a ilustres personalidades del exilio español de la posguerra, ha impulsado poderosas corrientes de pensamiento humanístico, liberal y democrático en América y ha extendido su decisivo influjo creando una extraordinaria variedad de instituciones que amplían el mundo académico y lo entroncan en la sociedad a la que sirven.

Luego de conocer el veredicto, el Rector de la UNAM, doctor José Narro Robles, agradeció la distinción al jurado, a la Fundación Príncipe de Asturias, a Asturias y al pueblo de España “por un Premio que es muy importante para esta Universidad y para México como país”. Y añadió: “Estamos a punto de iniciar los festejos del centenario de la UNAM, que es hija de la de Salamanca y, por lo tanto, es muy importante para los dos países, un motivo más que nos hermana”.

Destaca entre ellas, por ejemplo, la de Miguel Ángel Moratinos, ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España:

Estoy convencido de que la UNAM, una de las universidades más importantes de toda Iberoamérica, reúne con creces todos los méritos para ser acreedora de este prestigioso galardón. Efectivamente, a su excelencia académica e investigadora, se une su compromiso con la comunicación y la difusión cultural, científica y humanística, como atestiguan el reconocimiento de sus docentes e investigadores, la calidad de sus estudios y programas con lo que se forman decenas de miles de jóvenes mexicanos, el rigor de sus publicaciones que son punto de referencia de la comunidad académica e, incluso, el carácter simbólico y universal de su campus en la Ciudad de México, reconocido como Patrimonio Mundial de la UNESCO. La UNAM se ha convertido además en un actor fundamental de la historia cultural y social de México desde su fundación a principios del siglo pasado.

O esta otra, de Joaquín Luque Rodríguez, rector de la Universidad de Sevilla:

Además de ser casa de la cultura, la UNAM es reconocida como la casa por excelencia del pensamiento iberoamericano y mexicano y fue un generoso cobijo de una buena parte del exilio y del destierro intelectual iberoamericano. Su riqueza institucional y sus principios básicos de calidad académica, humanismo, compromiso social y competencia científica y tecnológica, así como su compromiso con la difusión y divulgación universitaria y de las nuevas tecnologías, la convierten en la más óptima y prestigiosa casa de estudios de América Latina.

Este galardón que recibe ahora la UNAM constituye sin duda un reconocimiento a todas las generaciones que a lo largo de los siglos han construido y fortalecido una de las instituciones emblemáticas de México e Iberoamérica. Nuestra máxima Casa de Estudios es una muestra de que los mexicanos somos capaces de construir y consolidar grandes instituciones, que trascienden el tiempo y que son reconocidas en todo el orbe.

Enhorabuena a todos los universitarios.

lunes, octubre 12, 2009

Nectáfora en Bellas Artes

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En esta antologìa aparecen un par de poemas de este tundeteclas.

Estaría bien que nos viéramos allí. Y que corran la voz entre la banda.

Presentación del libro

Nectáfora.
Antología del beso en la poesía mexicana

Varios autores


Fernando Reyes se dio a la tarea de compilar esta antología dedicada a la sensación y éxtasis del beso. En ella, diversos autores mexicanos contemporáneos entregan una muestra de su trabajo poético en torno a esta expresión de afecto.

Participan: Andrés Cisneros, Fernando Reyes y Carlos H. Vera

Modera: Alma Karla Sandoval

Lectura: María Aura

Sala Adamo Boari, Palacio de Bellas Artes

Miércoles 28 de octubre de 2009

19 horas

miércoles, octubre 07, 2009

El Vega.com en la Feria del Libro de SLP

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Pues nada que acá su tundeteclas de confianza estará en una charla sobre lengua y literatura con Luis Carlos Fuentes y Saúl Castro en la Feria del Libro Infantil y Juvenil en San Luis Potosí el próximo viernes 9 de octubre a las 19:20 hrs.

Si quieren bajarse el programa, lo pueden hacer desde aquí: http://www.culturaslp.gob.mx/cultura/web/ProgramaFLIJ.pdf

Los que puedan, pues allá nos vemos.

miércoles, septiembre 30, 2009

Miedo a Carmen, de Gabriela Bustos Vadillo (selección)

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Durante mi reciente visita a Ciudad del Carmen tuve la suerte de conocer a Gabriela Vadillo (o Bustos Vadillo, parece que tiene algunos problemas de identidad, jeje).

Llegó al taller de novela sin estar inscrita. Dijo que iba de oyente y que "si le interesaba, se quedaba". Al parecer le interesó, pues se quedó a todas las clases, y no sólo a eso, sino que era la que más cuestionaba mis choremas y me ponía en predicamentos de los que gozaba provocar.

Luego supe que era la directora editorial de la revista En tierra de todos y que era poeta. Una poeta muy buena. Me regaló su libro Miedo a Carmen (Ediciones Manigua/FECA/CONACULTA), que escribió entre 2002 y 2004, cuando tenía 22 ó 23 años. Lo leí con avidez mientras esperaba subir al avión. Y lo seguido releyendo, redescubriéndolo desde entonces. Hacía mucho que la poesía de alguien no me impresionaba ni me afectaba tanto. Yo mismo hubiera querido tener esa voz a esa edad (es más, quisiera tener algo parecido a su voz poética ahora mismo).

Ahora reproduzco fragmentos de su libro. La poesía de Gabriela es directa, sin ambigüedades, descarnada, tremendamente cabrona. Podría parecer que uno de sus objetivos es escandalizar al personal (épater les bourgeoisie), pero en realidad se trata de una voz poética que viene del asombro, del encabronamiento, de la ternura, amistad y erotismo, de la incertidumbre, del deseo y del presentimiento de la muerte, de ser mujer (u hombre, vale madres, a todos les va igual con ella) en una ciudad como Carmen ("el sobaco del mundo", le dicen) donde hay todo y hay nada, donde la condición insular (que en realidad es la condición humana: todos somos islas, en realidad) nos enfrenta al inescapable destino de vivir. Ni modo, no hay de otra. Y te chingas, parece decirnos Gabriela.

En la poesía de Gabriela no hay lugar para el conformismo ni para la palabra "bonita" o "exquisita" sino una perenne insatisfacción, una combustión interna que la lanza hacia afuera, hacia algún lado, y sin embargo ella ha decidido quedarse ahí y consumirse completa, pero no sola, sino convidándonos de su poesía, de su palabra "emputecidamente encabronada" (casi la estoy citando).

Bueno, pues eso. (Y los dejo con ella, antes de que me volteé un madrazo).


SIN SALIDA

Me trajeron llorando. Mi madre no preguntó si lo
deseaba. En el camino mantuve lucha constante con los
mosquitos. Negué dormir en hamaca, bañarme a
cubetazos en casa de la abuela. No les permití me
alimentaran con mojarra, cazón, tortuga, pejelagarto.
Freír esas bestias era cosa de asesinos. Ni pozol ni
agua hervida. Odié a los borrachos, a las gordas
mujeres morenas que ignoran valen algo. Luché por no
contagiarme de su acento local. El mar café no merecía
mi traje de baño ocean pacific. A ver, ahora ¡sáquenme
del sur si pueden!

IDENTIDAD

Ese que anda con rumbo impuesto
a quien veo añorar sin poder hacer nada y la costumbre le mata
le es difícil olvidar estatutos no justificables
mientras viaja comiéndose la carretera
como si eso fuera la digestión de su pasado
Ese briago de las noches dispuesto a fraguar su propio suicidio
que despierta en cualquier cama temblando de miedo por el abandono
Ese no soy yo
Soy ella

NO TE SALVAS

Tuve novios, amantes, compañeros de viaje, amigos,
desconocidos. Declaraciones cursis, serias, ebrias.
Todo de maravilla. Recordé que el amor existe, la
muerte y la bohemia. Me detengo en el concepto como
piernas paralíticas, como barcos encallados en los
charcos callejeros. Mal me va. Si en otra vida descubro
al hijueputa parrandero mujeriego que inventó el amor,
de una buena madriza no se salva.

ARS ECONÓMICA

No tengo obligación de preguntar a nadie su parecer.
Estoy donde quiero con quien quiero. Cuando me lleva
el carajo es completamente mi culpa, pocas veces me
arrepiento. Mis vicios ya no están en boga, son cos-
tumbres. Mi madre es un amor superado, la admiro.
Con su ex cónyuge no logro ponerme de acuerdo pero
también lo quiero. Me place la realidad escrita en los
libros, esa es mi verdad. Llanto dolor risa cosas cursis
con las que aún vivo las acojo y despojo sin pensar en
comprorrusos.

Es decir, mi vida me pertenece en su totalidad, pese a
quien le pesen mis actos.

¿Cómo? Sencillo, me compré la libertad. Puedo pagar
mi existencia. En estos tiempos ser lo que se quiere
depende del dinero.

METONIMIA

Quieres que te cuente cómo tu cuerpo se volvió un
dedo. Sucede cuando deseo suspirar, cuando deseo
asumir el trozo de vida que me corresponde. Escuchar
tus pasos agitados en cualquier música. Disfrutar el
vicioso recuerdo de lo inevitable, darle al cuerpo un
regalo suculento. Que la almeja babee a su antojo.
Traer a la memoria un verdadero palenque entre las
piernas. Cuando sólo yo en mi cama, las sombras se
vuelven espectadores de un dedo que sustituye tu
cuerpo.


POR CUALQUIER COSA

Deseo llevarme todo. Las libretas que coleccionan mi
pasado, algunos libros, una vela. Mis calzones de
algodón para sentirme cómoda. Una botella de vodka,
un cartón de cervezas ocupa mucho espacio. Recuerdos
para continuar los poemas. Una falda corta para mostrar
las piernas. Los lentes para ver mi soledad. Por si
me toca el infortunio de comprobar si hay vida después
de la muerte.

BELLAS DE NOCHE

Sé de la lucha constante por no deformar sus rostros y
denotar asco. Fingir es el único placer. No pretenden
convertirse en damas de sociedad, muchas ni siquiera
ambicionan elegancia. El por qué es más sencillo, dinero
fácil. El constante trueque de la vida les parece práctico.
No se trata de perder valores, por el contrario, es
primordial, quinientos, mil, dos mil pesos. Con sus cortas
noches, sus pomposas nubes, los tacones van y vienen.
No hay tanta tragedia créanme.
A las putas les da igual.

SIN PREÁMBULO

No tengo ánimos de sentamos bajo la luz artificial de la
ciudad nocturna para conocer tu percepción del mundo.
Ni ocupar un poco mi infinito tiempo, escaso en
acciones, para descifrar símbolos de nuestro encuentro.
Impregnar la memoria con frases astilladas por
miles de lenguas. Sucumbir con la brillantez de unos
chintos ojos, en parla carmelita, vulgares e incipientes.
Tomamos de la mano para dar a conocer nuestras
posesiones. Fingir frío, tristeza, embriaguez para
aceptar. Propongo sólo un rápido y mutuo acuerdo.
Cojamos.

RECADO

-Disculpe. Hágame un favor. Si ve llegar a una señora
corpulenta como las de Botero, con el color de las
mujeres pintadas en el renacimiento. Seguro vendrá
vestida con un cotón que se robó de la selva de Gauguin,
donde deja ver un trasero en proporción a su grandeza
pero bien parado. La sonrisa delatará las pocas muelas
restantes que se olvidan al encontrar una boca-hermosa-
carnosa. El cabello bifurcado al día atraerá su atención,
todo el rostro en conjunto parece toronja. Notará al
instante una persona feliz. El tono de su voz evoca una
niña en un campo donde la tragedia se vuelve canción y
es fácil bailarla. Sus ojos plato de barro se van a dirigir a
usted. Iniciará la plática contándole su descontento por
el clima, el proceder de las personas al manejar, la
tardanza de los trámites en el país. Después preguntará
por mí. Dígale que no pude esperarla más. Es mi madre.


NOCAUT

Después de que un hombre te diga eres la más grandísima
puta, corre lo más rápido posible.
Si te obliga a ser decente a callarte cuando tienes objeción.
Si no tienes un orgasmo por su egoísmo, sólo
abres las piernas cuando él te lo pida con violentas pero
muy católicas formas.
Cuando menstruar es cosa del diablo, asqueroso. Si no
te permite emborracharte a la par, corresponder a las
infidelidades.
Corre tan lejos como puedas. Sí después del putazo que
le propines te alcanza, te mata.

DE ALLÁ PARA ACÁ

Allá no nos quieren. Acá nuestros políticos, artistas,
la gente cree fielmente que nos hacen trampa. No nos
dejan progresar. Allá piensan que somos una isla
borracha, marrana, sin planeación y es cierto. Acá creemos
que su linda capital nos oprime por envidia si
nosotros mantenemos al país, acá está el petróleo
¿no? Ustedes sólo piensan en la capital, juran su
malecón es más hermoso, la ciudad más limpiada. Cierto
sector se reparte premios, trabajo. Ustedes casi
yucas, nosotros casi tabasqueños. La isla no juega en
sus planes por las diferencias entre panes y
dinosaurios. Dejémonos de boludeces, es un hecho,
la isla tiene mejor encanto.


REPRESIÓN

Señoras ¿no se dan cuenta? Propician el machismo,
hipocresía, la infelicidad de algunas, la ceguera de
nuestra generación. Señoras ¿cómo es posible que
siendo mujeres también juzguen la libertad sexual de
otras fulanas? ¿Por qué puta, callejera, de cascos
ligeros? ¿Por tener cinco, veinte, tres hombres al
mismo tiempo, más joven más viejo? El sexo no hace
mal a nadie ni en exceso. No desestabiliza al país
económicamente, no crea guerras, por el contrario,
nos mantiene de buen humor. Señoras, si cerraran su
hociquito gozarían de los mismos beneficios, aunque
dudo muy a escondidas no lo hagan. No sigan fregando
a esta sociedad de por sí enferma, así no vamos a
mejorar. Señoras ¡dejen de hablar y pónganse a coger!


SIN PUTA DUDA

Emputecidamente observo las nalgas de los hombres,
su machismo. En mi puta conciencia ya olvidé cuántos
cargo. Cuánto es mucho o poco. En esta putísima
vida no hay opción. Debo acoplarme al mundo, entender
sus reputas caricias, rascarme con mis rameras
mañas. El puto azul príncipe no existe. Es putamente
convenenciero el rol feminista. Quién paga, cede. Es
débil, finge. Entonces mi lugar, putañeras ideas,
postura y formas no deben ser estáticas. Prostituidas
de acuerdo a las necesidades. Con la misma putería no
acepto mis errores en el reflejo de nadie. En ocasiones
llevo la pendejez a flor de piel. Hasta la madre
salgo del bar en busca de hamacas de dudosa reputación.
Quién quiere soportarme.
Tan putas Andrea y yo no podemos con cualquiera.


CUALQUIER DOMINGO ABRO LAS
PIERNAS

No logro traerte a la memoria ¿Cómo eres? Presumo
tienes manos y espantosas nalgas. La gordura de tus
piernas ¿me incomodó? A mí los hombres me gustan
morenos ¿quebraste las reglas? En tus ojos pienso
que descansé al menos siete segundos. Tu voz ¿de qué
hablabas? Ah sí, coooño. En algún momento callaste,
fue después de que.
No fumas, casi segura. Había una cama, era tu casa,
completamente sobria ¿Quién asistió? ¿Nico o
Andrea? Aprendí tu apodo no tu nombre. La almeja
cada vez que respira te recuerda pero no sabe hablar.
Cualquier domingo me enamoro, abro las piernas y al
lunes siguiente no logro traerte a la memoria.


DIRECCIÓN

No al centro ni al norte
Es en el sur muy cerca del mar
Frente a un expendio de cervezas justo donde doblan
las saudades antes de llegar al suicidio
Tres cuadras delante del sobaco del diablo donde
hay un charco de petróleo
Un letrero dice camaron 40 kilo
Cruzas la calle y encontrarás el número 7
Ahí vivo
En un cuerpo color cósta

lunes, septiembre 28, 2009

La condición insular

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La semana pasada estuve en Ciudad del Carmen, Campeche. Fue la tercera vez que viajé allá, a impartir cursos en la Universidad Autónoma del Carmen. En esta ocasión fue un mini taller de novela, al que se unieron alumnos de la Maestría en Artes de la misma UNACAR. Varios de ellos participan en una red cultural que organiza talleres, cursos y eventos culturales, como la exposición de Francisco Toledo que organizaron en el Centro Cultural Universitario de la UNACAR y a cuya inauguración fui cordialmente invitado.

Además, editan la única revista cultural independiente de toda la isla: En tierra de todos. La directora editorial es la poeta Gabriela Vadillo y el diseño es de Anel Jiménez Cruz y del artista visual Alejandro Pérez Falconi. Llevan apenas cinco números y está dedicada fundamentalmente al ensayo y el comentario cultural. Los números son monográficos. Los dos últimos son sobre literatura y salsa y sobre niños.

Su blog es: http://revistaentierradetodos.blogspot.com

Por otro lado, como ya se está haciendo costumbre, el maestro Daniel Casanova , profesor del Campus II de la Preparatoria de la UNACAR, invitó de nuevo a este tundeteclas a aventarles un choro mareador acerca de poesía y literatura a los alumnos de las materias de lectura y redacción y creación literaria.

Y como siempre, para mí es una delicia convivir con los muchachos que les gusta leer y tienen inquietudes literarias, sobre todo cuando se trata de alumnos de los estados de la República. A los capitalinos a veces se nos olvida que seguimos siendo víctimas del centralismo y que en algunos lugares la oferta cultural es tan escasa que lo que aquí hasta desdeñamos, en otros lugares la aprovechan al máximo.

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Con los chavos de la prepa

El maestro Casanova, contra viento y marea, ha sacado adelante su proyecto de fomento a la lectura “Liber-A-Nos”, que incluye salas de lectura, clubes del libro, visitas a primarias y secundarias donde los alumnos de la prepa leen a los alumnos más pequeños, etcétera. Eso es lo más importante: no se trata de un proyecto de los maestros únicamente, sino que son los alumnos los principales involucrados.

Este proyecto ha tenido tanto éxito que se han abierto ya 10 salas de lectura en los planteles educativos y se ha sumado al programa estatal y nacional de fomento a la lectura. Las salas de lectura son lugares abiertos con sillones cómodos donde cualquier niño o adulto, sin necesidad de ninguna credencial, puede solicitar prestado un libro y llevárselo a casa, con la promesa de devolverlo en cuanto lo termine de leer. Me cuentan que es mínimo el número de libros que no regresan, que son básicamente los adultos los que se los quedan hasta para venderlos, pero que los niños sí cumplen su palabra.

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El stand de "Liber-A-Nos" en la Expo Ciencias

Ha tenido tanta aceptación el programa que una delegación de alumnos, junto con el maestro Casanova, viajaron a Túnez en julio pasado para representa a México en la Expo Ciencias Internacional, en el área de Ciencias Sociales y Humanidades.

Como el maestro Casanova no da paso sin huarache, también aprovechó para invitarme como evaluador de los proyectos científicos de la Expo Ciencias de la Preparatoria de la UNACAR. El que más me llamó la atención fue el del “Periódico Ecológico de la Pandilla Científica”, formado por alumnos de quinto año de primaria, que a través de artículos y dibujos emiten mensajes para despertar la conciencia ecológica de niños y adultos.


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Los niños de la Pandilla Científica

Quizá para algunos todos estos esfuerzos puedan parecer de poca trascendencia, pero puedo asegurar que para quienes los impulsan y, sobre todo, para quienes se ven beneficiados con ellos (que en su mayoría son niños y jóvenes) significan mucho.

Y no es cosa menor lo que sucede aquí: durante años, a pesar de que en las costas de Ciudad del Carmen se han extraído los millones de barriles de petróleo que han mantenido y siguen manteniendo al país, a los carmelitas les ha tocado poquísimo de esa bonanza de la que se llenan tanto la boca los políticos locales y nacionales.

Creo que parte de la respuesta a la indolencia gubernamental relacionada con la cultura es que las propuestas, los proyectos y el trabajo provengan de los propios educadores, artistas y creadores, incluido el mismo público, dejando atrás de una vez por todas el paternalismo, el patrimonialismo y la corrupción.

Si de por sí parece que no hay gobierno y que a los políticos parece valerles madre la cultura, pues de una vez hay que tomarles la palabra: mandarlos a volar y hacer que los proyectos funcionen desde abajo, sin esperar dádivas que nunca llegan, como si nos estuvieran haciendo el favor.

A final de cuentas, si no lo hacemos nosotros mismos, ¿quién diablos va a venir a hacerlo por nosotros?

sábado, septiembre 19, 2009

Tratado de impaciencia No. 90

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El jueves fue un día gris. Incluso escribí un poema sobre eso mientras iba en el tráfico. Al parecer lo conjuré, porque el viernes fue todo lo contrario.

Salí a las tres de la terde de la oficina para llegar a las cuatro a la colonia Roma, a un estudio de grabación donde me harían una entrevista. El taxi se fue el segundo piso del Periférico y aunque el chofer tomó la salida equivocada y me cobró de más, de todos modos llegué media hora antes.

Para aprovechar el tiempo, crucé la calle y vi un restaurante dizque italiano, vacío. Entré y un chavo de pelo chino, sin pinta de mesero, pero con delantal, no me ofreció ninguna carta ni menú, pero me dijo que podía pedir pizza o pasta. Le dije que cómo era la pasta. Me dijo que normal, con crema y champiñones. Órale, le dije. Pedí una coca, saqué un libro y me puse a leer. Como música de fondo sonaban unos tangos a volumen excesivo, sobre todo tomando en cuenta que yo era el único comensal. Luego, llegó otro chavo, también sin pinta de mesero ni nada, se puso un delantal, se sentó en una mesa y abrió su laptop, mientras platicaba con el mesero anterior y lo que yo supuse que era el cocinero, otro chavo chaparrito que hacía algo delante de la estufa.

Yo revisaba constantemente mi reloj, pues no quería llegar tarde a la entrevista. Pero la pasta era la retardada. Pasaron 20 minutos. Seguían sonando los tangos a todo volumen. Me empecé a desesperar. El chavo de pelo chino sin pinta de mesero lo notó y me dijo: “En tres minutos sale su pasta, señor”. Pasaron no tres sino seis minutos más. Por fin llegó la pasta, así, solita, huérfana, sin siquiera una méndiga canastita de pan para acompañarla. Nada del otro mundo, pero obviamente estaba caliente, así que le soplé lo más que pude y la engullí de inmediato. Eran las cuatro en punto. Me acerqué a la barra para pagar. Acababa de llegar otro chavo sin pinta de mesero, con una mochila al hombro. Le pido la cuenta. Entra a la cocina a preguntar. Me cobra 54 pesos. Sale el chavo chino y me pregunta: “¿Le gustó la pasta, señor?” Gruñí que sí.

Mientras cruzaba la calle, me puse a pensar luego por qué la gente se sorprende del fracaso de sus negocios, si se ve que les vale madre cómo dar un servicio adecuado a la gente. De todos modos voy a pagar, no me van a regalar nada. Pensé que a lo mejor se trataba de un grupo de chavitos “emprendedores” recién egresados de alguna universidad privada que utilizaron sus ahorros (o le pidieron prestados a sus papis, o peor: consiguieron incautos —perdón quise decir “inversionistas”) para montar un restaurante italiano, “pero acá, wey, cool, nada que ver con los otros, con ambiente y música chida, cero lo mismo”. Es decir, un restaurante “con concepto” (cualquier pendejada que signifique eso), pero con nula idea de lo que significa el servicio al cliente.

Llegué al estudio, que en realidad era una estación de radio semivacía. Me entrevistó una chica preciosa con nombre de novela de escritor catalán (eso de “me entrevistó” es un decir: ella apenas me hizo la primera pregunta y me descosí como hilo de media). En quince minutos habíamos finiquitado el asunto. Salimos a la calle y dijo que iban a pasar por ella. Como todo había sido tan rápido, no quise desaprovechar la oportunidad de seguir admirando sus ojos claros y su entallado vestido azul, así que decidí acompañarla en su espera. Afortunadamente, su amigo, un colombiano con quince años de vivir en el DF, se tardó más de media hora en llegar, a pesar de las especificaciones que le hacía ella por el celular. Mientras me contaba la “historia del secuestro de Ronald McDonald” (tan buena, que por primera vez me dieron ganas de robarle a alguien una anécdota para escribir un cuento), vimos que en la acera de enfrente se estacionaba una limusina blanca hecha de Hummers con sendos moños verde limón a los extremos del vehículo. Llegamos a la conclusión que no podía ser de narcos ni de ricachones, sino que muy probablemente era de algún líder sindical, específicamente del magisterio y casi seguramente de la señora que mantiene secuestrada al sistema educativo mexicano.

En eso estábamos cuando nos llamó la atención una pequeña multitud que se acercaba a la estación: cerca de una docena de mujeres rodeaban a un tipo chaparrito, barrigón (específicamente tenía panza chelera), mal fajado y que portaba una banda tricolor en la frente: ¡era nada menos que “Juanito”, el delegado electo de Iztapalapa! De seguro venía a la estación a que lo entrevistaran. Me intrigó que un hombre con una cámara de video no perdía detalle de las acciones y gestos del hombre del momento de la política nacional. Y también me intrigó que Juanito no trajera consigo una penca de plátanos, pues su pinta no puede ser calificada sino de simiesca. Incluso los brazos le cuelgan y camina bamboleándolos de un lado a otro cuando camina.

Finalmente, el amigo colombiano llegó y yo me despedí de la preciosidad. Atravesé la calle y tome un taxi. Enfilamos hacia la Terminal de Autobuses de Oriente, conocida popularmente como la TAPO, por avenida Chapultepec. El chofer traía sintonizada una estación de noticias. Al pasar avenida Cuauhtémoc, el tráfico se puso pesado. Vi en el cielo un helicóptero que daba vueltas y volaba muy bajo cerca de ahí. Fantasié con la posibilidad de que transportara a algún funcionario de Hacienda, las hélices se enredaran con los cables de la luz y la nave se estrellara contra un edificio. En el radio, una voz reportaba que al parecer había sucedido una balacera en el interior del vagón del Metro Balderas y que habían llegado quince patrullas e igual número de ambulancias. Que al parecer había dos muertos y varias personas desmayadas. Y mientras escuchaba esto el taxi pasaba precisamente por la calle de Balderas por Río de la Loza. En efecto: ahí estaban las patrullas y las ambulancias, personas arremolinadas en la salida del Metro, otras corriendo y cruzando la calle por entre los automóviles. Afortunadamente, el tapón duró pocos minutos y llegamos a San Lázaro más pronto de lo esperado.

Compré el boleto a Puebla y de pura suerte el camión estaba a punto de salir. Subí, me instalé, saqué un libro y me puse a leer. En las pantallas estaba una película de Walt Disney sobre una secundaria de hijos de superhéroes. Lo único bueno era Kelly Preston, la esposa de John Travolta en la vida real, que aún está de muy buen ver. Entonces escuché una voz detrás de mí: “¡Quihóbole, mano, cómo estás!” Me volví por encima del respaldo y vi que era un tipo bigotón, algo barrigudo y medio pelón, con un portafolio abierto en el asiento de junto, que hablaba por teléfono. Valiéndole absolutamente madre la privacidad de los demás pasajeros había instalado su oficina en el autobús y se pasó las poco más de dos horas que duró el viaje hablando por teléfono. Afortunadamente, yo traía mi reproductor de MP3 con el nuevo disco de Kiss acabadito de bajar de Internet y por unos minutos me aislé las conversaciones del tipo, que hablaba de bonos, intereses y pagarés, por lo que pude intelegir entre canción y canción. Juro que a punto de bajar todavía le habló a su esposa para avisarle que ya había llegado. A lo mejor era una medida de prevención para que el Sancho no le diera una mala sorpresa. Vaya uno a saber: la gente es tan rara y más los poblanos. Si lo sabré yo, que casi toda mi vida viví en la casa de uno.

Casi al bajar, revisé los mensajes del celular. Había una llamada perdida con sufijo de Puebla pero con un teléfono que no reconocía. Marqué, no fuera a ser una cosa importante, y me contestó César, uno de mis alumnos de la clase de Novela. Él y otras compañeras del salón me invitaban a un bar a tomar algo. Como pude, logré apuntarme la dirección en el dorso de la mano y tomé un taxi. Le di al chofer las mismas explicaciones que me había dado César. “Me dijeron que está cerca del centro”, apunté. Pero el chofer sentenció: “No, esas calles están cerca de Plaza Dorada. Ha de ser uno de los bares que están adentro”. Había tráfico, a fin de cuentas el clima estaba rico, no había llovido. Traté varias veces de comunicarme de nuevo con César para verificar, pero el teléfono me mandaba al buzón de voz. Llegamos a la Plaza Dorada (una especie de Perisur poblano). Me bajé y di una vuelta. Nada de bar. Pregunté a un policía: “No, joven, ese bar está en el centro”. ¡Carajo! ¿Y ahora?

Salí a la calle, tomé otro taxi y le expliqué mi predicamento al taxista. Me dijo que sí, que había un bar con ese nombre en el centro. Pues vamos allá. Le pregunté si había vida nocturna animada en Puebla. “N’ombre, joven. Aquí no es como en otros estados. Aquí casi en cada cuadra hay un lugar de ambiente, con muchachas y todo. Ya ve que al gober le gusta el relajo”. Reí y le pregunté cómo iba la carrera por la gubernatura. En tanto, seguí intentando comunicarme con César. Hasta que al fin me contestó una voz de mujer. Le expliqué lo que había pasado y que ya casi llegábamos al centro. “No, el bar sí está cerca de Plaza Dorada, sobre la misma calle, pero derecho”. Oh, qué la… Pues ahí vamos de retache, hasta que por fin llegamos al lugar. César ya me esperaba afuera. El cabrón taxista me cobró como si hubieran sido dos dejadas. Lo importante es que por fin había llegado.

El lugar era un minúsculo cantabar, hasta el full, como era de esperarse en viernes. Ahí estaban Esperanza, Coty, Martha y una amiga de ésta. Pura chaviza, pues. Pedimos cerveza y unos tacos. Yo me tomé dos tequilas para darme valor, pues querían que yo cantara. Y como yo me debo a mi público…

Pero antes forcé a los chicos a que cantaran (destrozaran, más bien) “Tú y yo somos uno mismo”. Cuando regresaron a sus lugares, le dije a César: “Te felicito: está cabrón que alguien cante peor que Diego Shoening”.

Entonces y pedí “El loco” de Javier Solís. Que no la tenían. “Esclavo y amo”, pues. La interpreté con paradita de trompa y toda la cosa. Un cabrón chamaco me gritó: ¡Viva Luchiano”. Agradecí los aplausos y pidieron otra, pero las chicas ya se querían ir a dormir. Tendríamos clase a las ocho de la mañana.

Me fueron a dejar a mi hotel, El Mesón de San Sebastian, donde las habitaciones son como celdas monacales, de techos altos y camas de latón, con televisión pero que no agarra el cable, y te dan la llave con una gigantesca cruz de madera, con el nombre de la habitación grabado, todas tienen nombre de santos. Extraordinariamente dormí de un tirón hasta las siete de la mañana.

En media hora estuve listo y la mañana estaba fresca, contrariamente a las semanas anteriores, que estuvieron nubladas y hasta lluviosas. En el Oxxo del camino me compre un café. Entonces, al pasar frente a la Catedral, caí en cuenta: era 19 de septiembre. Mi padre hubiera cumplido 90 años hoy. Falleció apenas en octubre pasado. Y ahí estaba yo, en la ciudad donde había nacido él, pisando quizá la misma calle que él había pisado tantas veces hace tantos años. Apuré el café. Se lo brindé a él.

jueves, septiembre 17, 2009

Día oliverino

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por Guillermo Vega Zaragoza

Día sucio.
Día grisáceo.
Día desaseado.

Día en taxi.
Día sin ruedas.
Día embotellado.

Día pluvioso.
Día sentido.
Día lágrima.

Día gallina.
Día sin huevos.
Día cobarde.

Día centrífugo.
Día sin centro.
Día periférico.

Día iluso.
Día desengañado.
Día incrédulo.

Día distraído.
Día desllevado.
Día inmóvil.

Día imbécil.
Día aburrido.
Día inútil.

Día sin sol.
Día sin fuego.
Día desfogado.

Día inmaculado.
Día con manchas.
Día dálmata.

Día de ratas.
Día de gatos.
Día noctívago.

Día giróvago.
Día oliverino.
Día girondiano
®